domingo, 23 de mayo de 2010

A tí te lo debo



Y un "te amo" se me escapa por entre los dedos,
qué ternura ¿no?, qué cosa loca
estar ahora suspirando entre las rosas
sin espinarme ni un poquito
cuando antes cubierta de sangre
rodaba por largos campos de espinas.

Y ahora no me asesina la espera del maligno,
por el contrario, lo espero de frente
con la cabeza en alto y las manos extensas
sin retroceder ni un poquito
cuando antes me hacía un retobo
y me encerraba en mi celda perdida.

Y ciertamente que me parece extraño
estar de pie en medio de las aguas,
estar rendida pero en sonrisa plena
sin llorarme ni un poquito
cuando antes bastaba un solo toque
para que se rasgara mi piel en todo sentido.

Sopesando magnitudes, gana tu presencia


¡Qué me ha de importar que el maligno se me huya
de los contornos si tengo tu mirada?;
que la luna muera cada mañana,
que el lucero se me escape entre suspiros
¿qué puede importarme si me atrapan tus brazos
y me retienen furibunda ante todo protesto?

De los gusanos, ni rastro; sólo de vez en cuando
un dejo de baba que se desliza por los ojos cerrados,
o un poco de su saliva que cae pesadamente
rodando tremebunda entre los pechos,
¡pero qué ha de importarme la invasión desagradable
de unos gusanos muertos en la memoria?,
si tengo tus manos en la cintura
y tu boca en mi cuello.

De aquellas palabras queda un resabio
como la resaca que las mareas dejan en los puertos
en tardecitas de primavera;
¡pero qué han de importarme los pedazos de escarabajo
si tengo tu sonrisa a la vera de mi cama?,
si tengo silencios tuyos a diario retozando en la mirada
y endulzando mis sueños dormidos y despiertos
en la cándida espera de la madrugada.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Para él, es tarde


Es tarde.
Me pregunto qué tanto hacía allí
tirado entre las margaritas,
parecía que miraba la nada
flotando entre él y el cielo
y capturaba con los ojos
tamañas mariposas invisibles;
tal vez le pareciera que el tiempo no corría
o tal vez, realmente,
para él se hubiera detenido.

Es tarde, pienso nuevamente,
y me retracto de haberlo dicho
la primera vez en voz alta
porque posiblemente me hubiera escuchado;
por un momento
olvido que no hay nada de qué preocuparme,
el zumbar de la mosca sobre la ventana
no puede llegar a su alma,
ni tampoco el susurrar de mi boca,
¡vaya! ni aunque grite.

Sí, es tan tarde.
¿Qué estaría haciendo yo
en ese momento
antes de detenerme en el umbral de la puerta
al verlo tumbado entre las flores
capturando mariposas de fantasía?
Creo que estaba tratando de huirme
por la puerta del otoño,
ya había pisado unas cuantas hojas
cuando lo vi y decidí volverme;
él estaba allí, entre las margaritas,
mirando al vacío entre el cielo y sus ojos,
no-contando pétalos,
capturando mariposas sin mover ni un solo dedo.

Tan tarde... qué pena que sea tarde,
tendría que haber venido unos minutos antes,
antes de que el aire le abriera paso,
antes de que decidiera probar las alas
que nunca tuviera;
van llegando uno a uno los otros,
los otros que llegan tarde,
y todos lo ven allí,
acostado entre las margaritas,
y ven ese ángel carmín que surge de su boca
y resbala por la comisura
y tiñe un pétalo que roza su mejilla.

"Es tarde" piensan en eco,
"Es tarde" se lamentan todos,
y yo me lamento con ellos porque él
quizás contaba con que estuviésemos antes
para ayudarlo a atrapar las mariposas
antes de que escaparan a sus ojos;
ahora vuelan a su alrededor
y sin que pueda verlas
se pasean por sus dedos como burlonas,
él sólo ve el vacío entre el cielo y sus ojos,
[en]tumbado allí, entre las margaritas,
con el ángel carmín de sus labios
que ya llega hasta el suelo.

jueves, 4 de marzo de 2010

Era muy necesario


Necesitaba esto,
estar a tu lado rodeada de tus brazos,
que me apretaras muy fuerte
como queriendo meterme en tu pecho;
necesitaba
sorprenderme riendo como una idiota
en plena oscuridad
imaginando tus ojos abiertos mirándome
e imaginando a su vez que te miro.

Me hacía falta esto de perderme en tu mirada
buscando y no sabiendo qué,
simplemente vagar
hasta perderme en esa vasta pradera
en que habitan tus pupilas,
cantando, dando brincos a lo loca
creyéndome Heidi o Caperucita Roja.

Me era imperativo ahogarme en tus labios,
poblar mi cuerpo y mis pulmones
de tu hálito de vida,
seducirte en el espejo hasta encontrarte;
amor mío,
todo esto era necesario
para sentirme parte del mundo,
para poder subirme a horcajadas del lomo
de ese potro indomable que es el destino
y dejarlo exhausto
para que no sienta ganas de alejarte de mi lado.

jueves, 25 de febrero de 2010

La cara escondida


No me señales con tu dedo sucio de mártires pasados,
el cántigo de tu pesadez pecaminosa me agobia,
me presiona los hombros como la más rústica roca;
igual de dura,
igual de seca,
igual de sabia.

No hables, calla con el silencio de los inocentes
que fueron sometidos por la espada de tu Amo y Señor,
no levantes la voz hueca,
la voz muerta,
opaca,
ten algo de decencia... si es que puedes.

Ciertamente no sabes de justicia,
sabes de mentiras y reproches,
de cobardías y castigos eternos,
de víctimas-victimarios que se rasgan el pecho
ante la agonía que les conviene.

¿Pero qué hay de la agonía verdadera?
¿Qué queda de los niños esqueléticos,
qué de los mutilados en su santo nombre,
qué de los castrados por su naturaleza,
qué de las castigadas por ser... por simplemente ser?

¿Eres de aquellos que alaban por perdones?
¿Eres de los que adoran por una conciencia tranquila?
¿Eres de los que compran su paz
con la sangre de las infelices criaturas del desierto?

No vengas a señalarme entonces
con tu dedo retorcido de satanidades,
el espejo no parece funcionar muy bien de tu lado,
¿te da una imagen deforme?
¿Estirada?
¿Aplastada?
¿Perfeccionada?
Ese es un espejo de feria,
arreglado para mostrar ilusiones.

¿Pretendes arrancarnos los párpados,
abrirnos los ojos con una guadaña?
Adelante, inténtalo,
cubrenos de injurias que a tí parecen importarte,
por más ponzoña que lancen tus dientes,
si no muerdes, no matas;
un sepulcro no puede atrapar la historia,
una mentira no puede acallar la ciencia.

Lo dicho: calla y no señales,
detente a la vera del camino a mirar a los pasantes,
no mires arriba, mira a la altura de tus ojos
y también un poco más abajo;
no te queda el manto de mártir sobre la camisa de mentiras,
se nota su tela por debajo,
se asoman las mangas,
se te nota el dobladillo.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Puntería


Hay un centro que no tiene centro
ni alrededores,
ni jardines,
ni palacios;
un centro descentralizado y aburrido,
carente de arpegios,
de golondrinas,
de espantapájaros,
de estropajos,
carente de todo... menos de mí,
porque justo,
justito,
justo ahí fui a caer.

sábado, 9 de enero de 2010

Beber de tu sola presencia


Bebe,
¡bebe hasta hartarte el amor de mis labios!
Devórate toda sutil caricia
que permanezca oculta en los altares
a tu infinita presencia invocados;
bebe hasta saciar esa sed paladina,
esa sed pecadora, la sed
que nunca termina.
Estando sola pensé recordarte,
me dieron ganas de evocar tus ojos
y pensé
que quizás quisieras beberte mis besos;
pero no, creo que soy yo
la que está sedienta,
famélica.
Sí, soy yo,
yo soy la que vaga el desierto
de tus minutos ausente,
la abrasada por el maligno de tu no ahora,
es ciertamente doloroso
el paso de las palomas negras,
se van al sepelio de mis ansias no muertas;
sí, habrán de enterrarnos vivas.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Es tuyo


Tómalo
quítamelo de las manos,
aún está tibio.

Tómalo,
mételo en un cajón
y allí déjalo olvidado,
que se llene de polvo,
que las arañas le hagan compañía,
quizás así esté
más cálido.

Tómalo,
llévatelo lejos
así no siento su llanto
sobre mis ojos egoístas,
ellos ya no quieren
llorar sus penas.

Tómalo,
¡es tuyo!
te juro que si pudiera
te lo daría en mejor estado,
pero ha sido
tan golpeado...

Tómalo,
está tibio, siéntelo,
hasta puedes percibir
sus contracciones,
el vómito por venir,
así de fuerte le duele.

Tómalo,
¡lo arranqué para ti!
tanto me lo pedías
con cada una de tus acciones,
con tus ojos de prado
que...

Tómalo,
no lo rechaces,
ya tanto daño le han hecho,
mira los magullones,
los destajos,
las sangres coaguladas...

Tómalo,
lo acabo de arrancar,
es tuyo mi corazón.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Diosa pagana, Diosa sin trono


La Diosa se revuelca en sus satenes de plata
de dolor, de tristeza, de tormento.
La Diosa clama, se revuelca y llora,
llama a su difunto amado de otrora,
el que no requería de ojos,
del que no concebía puñales.

Ella, toda encajes y loores,
cubierta ahora de dolores
siente caminar el gusano
por su pecho de seda.

La Diosa se lamenta en su alcoba estrellada,
resueña con sueños infantiles
de estar enamorada,
desuella los duendes y las hadas engañosas
que le habían vendido un cuento diferente.

Los príncipes no llegan en corceles blancos,
montan ilusiones paganas
y se vuelven malolientes sacos
colmados de perentorios cuervos
que arrancan los ojos y abren los párpados.

La Diosa es la soberana del engaño,
triste quimera, lágrimas de estaño,
es una patética Diosa sin cielo propio
caída a la tierra sin haberlo sabido,
arrojada de golpe sin derecho de alas.

La Diosa está a la puerta del reino del atardecer
viendo al maligno entrar en su sepulcro.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Veneno sabor venganza


Quiero envenenar la Luna amanecida,
inundar sus venas de vil ponzoña,
verla retorcerse en el horizonte
contaminando de tierra
sus doradas extensiones.

Quiero envenenarla,
cuajar su sangre negra como bilis rancia
y que quede muerta,
congelada su tez en un estertor abominable,
desfigurada y deforme
para que nadie vuelva a suspirarle.

Quiero envenenarla y enterrar
sus carnes lascivas
en la catacumba del mismísimo Diablo,
que él sea el próximo en besarla
y el único que lo haga
por la eternidad.

Sí, deseo firmemente
envenenar esa Luna de aurora,
pérfida y regalada
a los hombres viles,
manoseada y sucia de besos,
paridora de pecados, mentiras y dolores.

Esa Luna, no otra, la Luna amarilla
no merece vivir.