
Esta vez no publicaré un poema (pero lo haré muy pronto), lo que traigo hoy para compartir es el primer video de Lauri Ylönen (mi ídolo máximo) como solista.
Es sumamente hermoso tanto el video, como la música y la letra...
Esto es Avernia... hogar del ángel de Lucifer... de la que muestra las sombras... abran los ojos y dejen que la oscuridad los guíe... Nos vemos en las sombras...


Ora sube sibilante y susurra
el viento en los desniveles,
ora simplemente cae suave
y se deja llevar por los zurcos.
Silencio, sutil silencio que calla
y nos deja serenarnos en la noche,
será quizás embrujo del viento,
de ese viento azulceleste.
Rompe un rayo la quietud de la penumbra
y truenan los dedos resquebrajados en los gritos,
¡nada de amor!,
¡nada de aurora!,
la trémula vejez de los árboles y los riscos
claudica, se corrompe, se retumba hasta lo hondo.
De profundis se oye un clamor reconocido,
el crepitar de las hogueras y el famoso crujir de dientes,
se abren las bocas y regurgitan tronados fuegos rojos
¡rota la paz!,
¡rota la calma!
Anda con sigilo;
anda
con timidez;
tarda... se detiene... observa... medita...
Y serpentean los huesos clamando justicia ante sus ojos pasmados de muerte,
¡rota la aurora!,
¡nada de paz!;
La tormenta aún crepita en los rincones de su alma emputrecida
muerto el sol...
muerta la gloria...

Tarda la vida en darte revancha,
Mariposa Morena,
sigues gimiendo por las mismas calles
una misma pena
engarzada en los mismos hilos de antaño,
siguen ahogándote los mismos collares,
las correas de cuero que fueran de tu verdugo
y su máscara infame.
Han de saberse los crímenes,
Mariposa Morena,
habrá de llegar el juez que sentencie el castigo
para la parca maldita
de tus horas tristes;
no sabes ocultar la sal de tus ojos
y está bien que así sea,
has de ser humana pese a todo.
Son largos los caminos,
Mariposa Morena,
que pueden llevarte a una redención justa,
pero vale la pena que los camines,
vale la pena que busques al asesino
de tantas ilusiones doradas.
Es necesario que mueras,
Mariposa Morena,
para renacer en otra primavera
en otra era,
en otro mundo,
en otros brazos.

No es mi culpa;
yo no cometí el pecado,
no laceren mi piel,
por piedad
no me arranquen las carnes,
aún hay sangre en mis venas y
aún late mi corazón…
y respiro…
y respiro.
¿Por qué esa maza me aplasta el cráneo?
¿Por qué el cadalso
tiene impreso mi nombre
en cada madera
y en cada hilo
de la siniestra cuerda?
No es mi culpa,
yo no cometí pecado,
pero estoy pagando como una vil ramera;
y la inocencia que grita por cada poro
y suplica piedad
y suplica piedad
y suplica.
No, no es mi tiempo
de cumplir condenas,
este pecado no es mío,
no son mías las cadenas
y sin embargo me atan los tobillos
y sangran hasta mis huesos
bajo el peso de los aceros.
No es mi culpa
pero sangro, sangro por mi mano
y por la tuya,
sangro por tu alma y mi desdicha de inocente,
sangro por las heridas que curan el espíritu,
por las lágrimas de paz y de sangre.
No es mi culpa, ¡dioses!
¡Yo no he hecho nada!
¡ÉSTE NO ES MI PECADO!
Mi alma se cubre de odios que no le pertenecen,
no es justo el castigo,
se equivocó el verdugo
y cortó mi cabeza,
aplastó mi cráneo sin tener mácula alguna...
no es mi pecado...
no es mi culpa...
No me condenen así
al infierno de su ausencia
sin tener la culpa...

