domingo, 27 de julio de 2008

Tanto y tanto


Te enfocaste tanto en sentir pena por ti mismo
que me consumiste,
me agotaste las manos;
te encerraste tanto en tu tragedia
que no veías más allá de tu sombra;
me hiciste creer que tu tristeza me pertenecía
y que era mi deber
regalarte mis sonrisas.
Me diste vuelta el mundo a tal punto
que tu historia era mi pasado
y mi futuro no era nada por estar separados.
Te cansaste de pintarme lágrimas
y de cortarme los brazos,
me rubricaste los pesares hasta el hartazgo.
Me consumiste,
me hiciste valorar los tajos y los despojos del calendario,
me llevaste hasta el abismo
y al mirar al vacío
me convenciste de que era mi destino
que me llamaba desde abajo.
Te encerraste tanto en tu llanto por ti mismo
que al decir que me amabas lo llorabas
y me hiciste creer en tus lágrimas
como si fueran besos
porque decías que eso era todo lo que podías darme
y me hacía falta.
Tanta mentira terminó por agotarme,
es lo que has comprado con tu lástima de ti mismo,
no vengas luego a quejarte
y pedir un reembolso, lo adquiriste a conciencia,
tarde o temprano
todos compran lo que ofrecen.

miércoles, 16 de julio de 2008

Canallada


¡Mira que ponerme el pie adelante
para hacerme rodar cual mata del desierto!
Jamás sospeché que sería una cosa así
capaz de hacer.
Reivindico a la estupidez,
aquí mismo, desde el suelo, desde los trapos,
desde los harapos viejos y la sartén usada,
reivindico a la estupidez como una virtud
en desuso.
Y claro que está mal que lo diga,
pero es cierto, la estupidez no hace daño,
lo que hace daño son aquellos
que de los estúpidos se aprovechan
¡y hay tantos!,
muchos de ellos se hacen llamar tus amigos,
ajá, así como lo oyen.
No, yo no digo que sean malos,
no digo que no conozcan las leyes de su buen señor,
digo, simplemente, que son canallas,
cobardes, traicioneros, verseros, hipócritas,
fayutos, pendencieros, pudredumbre humana,
pero no son malos, no señorita, señora, señor,
ellos lo hacen de corazón;
son canallas desde el alma.
Reivindiquemos la estupidez,
únanse a mí y digan "ego: estupidus",
cerremos los ojos y crucemos la calle,
confiemos en que alguien nos salvará la vida,
reivindiquemos el buen nombre del estúpido,
saquemos adelante al mundo
con las manos y pies atados a un barrilete.

Llamado


¿Dónde están tus brazos?
¿Por qué tan lejos?
No quiero que reposen laxos a cada lado,
sino que envuelvan estos huesos,
esta piel,
estas carnes.
¿Dónde están tus labios?
¿Dónde tus manos?
No los quiero lejanos,
así no nos sirven;
¿de qué valen los labios solitarios
y cuatro manos separadas?
¿Para qué quiero cintura
sin tus dedos?
¿Para qué las piernas
sin tu cuello?
No me sirven las auroras sin tus ojos
ni las noches sin tus besos,
no me sirven las horas en tu ausencia.