lunes, 4 de noviembre de 2019

Inútil


*Imagen ®Remedios Varo.*

Es un daga
Sutil y fuerte
Tan filosa como ausente,
Es un eco
Gigante
Que se repite
Hasta el confín de mi conciencia.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco...
Son seis los goznes
Del ritual cartiano
De la pureza olvidada
Que rechinan en mi mente,
Seis estandartes
De la vergüenza,
Seis terribles desastres
Que gritan mi nombre
Como hijos paridos en desgracia.
"Inútil"
La voz demoníaca,
El ángel taciturno
Que me azota con sus alas,
El dolor de la presa
Que me asfixia.
Son seis, sólo seis
Las heridas de mi alma,
Cada una más profunda que la otra,
Como aquellos tajos en mi pierna,
Como aquellos rostros.

También es inútil mi lucha.

martes, 1 de septiembre de 2015

Plurialmada


Trémula, como hoja de otoño,
como esas frágiles gotas
del rocío que se acumula
sobre los brotes y luego cae…
cae…
indefectiblemente cae
hacia la tierra fértil pero seca,
sedienta de antiguas moléculas
que vuelven a recrearse
tras cada muerte.
El todo y todo,
me envuelve el silencio
y se hace insoportable,
aturde…
aturde…
indefectiblemente me aturde
la ausencia de gritos,
la falta de los truenos y los rayos de Thor;
es en el ruido de la noche,
en el bramar de las bestias
donde hallo mi paz
y habita el sosiego
que persiguen las almas de mi cuerpo.

martes, 2 de abril de 2013

De una u otra manera



¿Me quedo y te asesino lentamente
cuchillada a cuchillada?
¿O cierro la puerta a mis espaldas
y arrojo la hoja de la guillotina sin más?
Sicaria, de todos modos,
impía, por igual,
que tu sangre se derrame no es una incógnita,
sino el cómo,
cuándo,
cuánto tardará.
Y tú también intentas decidir
si pones el cuchillo en mi mano
y me das ora un brazo,
un ojo,
el mentón;
o si mejor directamente
me pones tu cabeza en el regazo
y mi mano filosa
sobre tu corazón.

Bañaré mis manos con tu sangre
de una u otra manera.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Semillas para el otoño


Toma en esa mano cálida
los pequeños destellos que la mía cede,
que aunque el frío abata las cortinas,
también allá afuera,
entre los árboles nebulosos de la plaza,
dentro mío es verano,
porque tu rostro aparece deslizándose
como furtivo felino
en las noches de luna oculta.
Todo lo guardo,
cada sonrisa, cada palabra,
cada gesto, se encierran en mi lunes a viernes;
y si se escapa un chispazo de alegre recuerdo,
procuro que nadie me lo robe
golpeándome con la realidad que me rodea.
No temo tener hambre más adelante,
tu saciadora oquedad fugaz
y ese lujo de verme en tus ojos reflejada,
de tanto en tanto,
bastan para entretenerme los deseos
mientras te espero,
haciendo revolotear por la mente
ciertos momentos de delicia.

martes, 12 de marzo de 2013

Bella durmiente


Habrás de llegar algún día
hasta mi almohada dormida en la espera
y tomarás mi mano trémula de frío
vaciada por las pesadillas.
Habrás de ser el salvador de mi niña interna,
la que siempre soñó con príncipes
que la dama no se atrevió a soñar;
espantarás unos cuantos cuervos
y quizás, de alguna manera,
habrás de saber cómo abrir las puertas.
Reconoceré tu hálito tibio
cuando roce mis labios secos
que del beso sólo guardan fantasmas,
y entonces, por motivos desconocidos,
te desvanecerás de nuevo
en la temible Oniria.

Espera y ensueño


Flaco consuelo pensar
en horas pasadas
esperando otras que arriben de sotavento
con una carga favorable a mis deseos;
¿Te he de escribir una golondrina?
O mejor esperar a que tu voz llegue
repicando con la lluvia
de la rutina,
en salones llenos de manos
y ojos que no me importan,
pero que, hete aquí, son inoportunos
testigos.
Y siempre está el silencio
de la ausencia esperable,
porque siempre una ausencia se espera
cuando espera el corazón una palabra,
al menos;
una caricia,
tal vez...
¿o será demasiado?

lunes, 11 de marzo de 2013

Cazador furtivo


De qué escondrijo saldrás a morder mi espíritu,
de alguna tumba saldrás catapultado
con una cara de espanto que te preceda,
lo sé... lo presiento.
Tus cabellos como telarañas me enredarán los ojos
y succionarás mis pestañas hasta dejarlas secas.
Horrores hay demasiados para contarlos
en mis siniestras horas nocturnas, cuando
calla ese búho;
lo sé... lo presiento,
tú te escaparás de uno de mis gritos de pesadilla.

martes, 5 de febrero de 2013

Acreedores

¿Qué más quieren de mí estas ilusiones vanas?
Ya les he dado mi vida,
mi calma;
no tengo más que dolores en mi alma
pero ellas siguen pidiendo que les abra
la puerta de mis días, mis papeles blancos,
todo lo que tengo y lo que me falta.
Tanto piden que desespero,
por satisfacerlas he roto mis uñas
labrando la tierra con retratos cual espejos
buscando engañar sus deseos;
¿pero qué retrato ha de perdurar
cuando llega la lluvia desde lejos?
Entonces notan que no era el rostro amado
¡sino tan sólo un reflejo!
No puedo darles lo que buscan
y por eso
matan a mi corazón con suspiros perversos,
le estrujan y retuercen con recuerdos;
¿qué más querrán de mí mis sueños?
Ya todo les di,
hasta mis versos.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Palabras Prohibidas


Podemos conjugar otros verbos,
conjugar, por ejemplo, un alunar
o un ensolecía; subjuntivar
un desesperarme por ser
y un ser desesperadamente
algo nuevo y diferente;
conjuguemos el verbo mirar,
troquémoslo por tocar,
por encielar las manos dedo a dedo;
y conjuguemos -ya que estamos-
también el verbo escapar,
vamos a ponerlo en un presente o al menos
en un futuro perfecto; hagamos
que deje de ser un condicional
el encontrar en primera persona del plural;
hay varios verbos
que me gustaría conjugar
a escondidas.

jueves, 6 de septiembre de 2012

¡Qué ternura se desprende de mi pecho
y qué muerte fatídicamente lenta!
A mí, aquí o allá,
hacia dónde van tus ojos
hora con hora
es un misterio que no termino de entender;
ese destierro del que soy mentada,
esa historia de la que soy mentira
y esclava;
esa fantasía de noches en almohadas
ahogadas,
esas roturas de rodillas al caer
¿de qué valen?
Me estremezco de sólo verte caminar
sin pisar el suelo que pisas
y sin embargo
no me importa ese polvo,
sólo quiero buscar las semillas enterradas debajo,
socavar en lo profundo de la madre
y gritar desde allí
para que crezcan las verdades como frutos.
Nadie me puede reprochar este amor delirante,
¿qué pueden saber los torvos de miradas rectas?
¿Qué han de saber los odiantes de amores
y los felices de torturas?
Sólo yo sé lo que vive en mi mente,
ni tú mismo te das cuenta.