viernes, 20 de junio de 2008

Arrabalera del adiós


Llora porque le duele y asimismo porque daña;
llora por que vuelva a ella la inocencia
que perdió en algún arrabal.

¿Con qué motivo levantó el puñal?
¿Con qué saña insospechada
motivada por algún duende de alcohol?

No fue la dicha con que contaba
la que se posesionó de su frente,
sino la amarga lucha retorcida del pesar.

Llora porque mata y asimismo muere;
llora, porque de esa niña que era
no le quedan sino los recuerdos.

miércoles, 11 de junio de 2008

Lacrimosa


Lloro mi crimen bajo la lluvia;
candil de fuego fatuo
candil de fuego gris,
candil que alumbra mis ojos ciegos,
¿para qué quiero la luz?

Dime, ¿es ésta mi mano?
¿esta mano asesina
es la que porta mis dedos?
Sí, es ésta la mano asesina
la que hace unos días
acariciaba tu cuello.

Lágrimas de a una
que cavan un hoyo en el suelo,
lágrimas desparejas,
lágrimas desperdicios,
lágrimas que tiro sin remordimientos,
¿para qué quiero reír?

domingo, 8 de junio de 2008


Salen los llantos acumulados y me ahogan,
yo sabía que no eran buenos los días de sonrisas
porque el llanto se multiplica y fortalece,
las lágrimas paren lágrimas
y todo se vuelve mares dentro de una;
y entonces llega el momento en que la garganta
ya no aguanta tanto nudo y el alma
ya no soporta tanto dolor
y sale el llanto como marejada
y ahoga.
¡Ay! Sí, ¡cómo ahoga!
se me estrangulan las palabras en la angustia
y pretendes resolverlo todo con los brazos,
enlazando los cuerpos en un rincón,
cerrados en el silencio;
¡pero lo que yo necesito es gritar!
¡gritar con el alma, gritar con los codos
con el dolor, con la rabia!
Gritar con las manos sudadas, abiertas al viento
dejando que la tierra forme una costra
en mis mejillas
con las lágrimas saladas.
Yo necesito gritar y tú quieres callarme,
y tú no me dejas decirte que odio el silencio
y que nada en él se resuelve
sino que en él crecen los temores,
porque del silencio sólo nacen silencios,
son una raza aparte.
¡Y yo necesitando gritar!
arrancarme del pecho las palabras que hieren,
decir de mil formas y tantas otras
que el amarte me hace pedazos
porque no es lo que quiero que me calle el silencio,
tengo demasiadas cosas atrapadas adentro
y las dejo allí por miedo.
¡Y yo necesito gritar!
Y necesito que me grites a cambio,
que me respondas como si nos separara una llanura,
como si un abismo se abriera entre nosotros,
así de fuerte quiero que gritemos,
que nos gritemos los sentimientos
antes de que nos hagan daño, porque, mira,
en los días de sonrisas (nada buenos)
yo guardé los llantos
y ahora me ahogan.

Incógnitas


¿Dónde queda el allá?
¿Dónde guarda su límite?
¿Dónde su aurora?
¿Dónde su sol y su luna?
¿Cuándo se cansará el allá
de extenderse?

¿Dónde acaba el ayer?
¿A dónde se va el mañana?
¿Cómo no se cansa
de irse tan lejos?
¿Cómo hace para estar
siempre adelante?

¿Cuántas son las noches?
¿Cuántas las mañanas?
¿Cuántos los días?
¿Cuántos los tiempos?
¿Por qué corren las horas
tan de prisa?

¿Dónde esconden tu mano?
¿Cómo la mantienen cerrada?
¿Cuántas veces debo
gritar tu nombre?
¿Y por qué no me canso
de esperarte?

sábado, 7 de junio de 2008

Querellas


Repulsivos fantasmas que vuelven
como regurgitados por el diablo
desde algún infierno que existe
en el alma propia de los humanos;
no quería verlos de cerca de nuevo,
como volados por mano asesina
frente a mis ojos casinocentes,
como vedados de perdones y de rumores
gritando sus descargos a los vientos.
Maldita sea la hora de la una y pico,
maldita la hora tardía cuando se hizo tarde
y te fuiste dejándome la furia
entre los labios, atrapada allí
entre los dientes y la lengua y el paladar
que se siente pesado, como engrasado
por la pudredumbre de los problemas
que una y otra vez siguen surgiendo.
Estoy harta de cargar con furias
en maletas que no están hechas
para ello, sino para cargar versos,
sean estos versos malditos,
¿a quién le importa? No vendrá crítico
alguno a decirme que el marfil es lo mío
porque será una mentira;
pero aún así, esas furias no deberían
de estar engarzadas en esta manta
que me cubre el cuerpo por dentro.
En esta hora -hace minutos te fuiste-
pienso que me quedé con ganas
de decir muchas otras cosas,
pero esas ganas se irán con las furias
en la mañana y seré yo nuevamente
la que caiga en tus brazos,
de amor rendida y al amor entregada,
perdiéndome en tus ojos
que me gustan tanto, como en un remanso
al que siempre añoro
en cada batalla que pierdo ante ti, mi vida,
y en la que pierdes tú
y en la que perdemos ambos un poco de tiempo

miércoles, 4 de junio de 2008



Mírame de cerca antes que se canse la aurora
de iluminarnos,
pues hasta ella tiene fecha límite
y hasta ella necesita dormir
de vez en cuando.
No hace falta que abras las cortinas,
creo que tus ojos brillan con luz propia
cuando te digo
que te quiero mucho y que siempre lo haré
y cuando te pido en silencio
que me quieras y nunca dejes de hacerlo.
Y perdóname si lo callo,
si no abro la boca para que salgan las cosas,
lo que pasa
es que a veces me da miedo,
a veces sí, lo admito
soy cobarde.
Déjame que te mire bien de cerca
a los ojos bellos,
tan bellos que tienes, mezcla de prado
y de madre tierra,
me gusta tanto perder la cordura entre tus pestañas,
dejarla abandonada a su suerte.
Anoche soñé que te ibas caminando
por caminos raros,
caminos oscuros que no conocía;
y que te me perdías en las sombras
y que yo lloraba,
lloraba tendida en la bruma esperando tu regreso,
esperando por tus brazos fuertes
alrededor de mi cintura.
No fue un sueño, fue una pesadilla,
la más amarga de las que he tenido, y pido
que nunca se le ocurra
a la vida sacarla de Oniria y liberarla,
si ese día llega,
juro que muero y mueren mis letras conmigo.

lunes, 2 de junio de 2008

Señor de la Noche


Castro y fuego,

en los confines arcaicos,

borrascas de furia,

irrefrenable jarana maléfica,

de altozanos de condenas,

y de culpables silentes...

Peñascos rugientes,

de tránsito de almas penosas,

dibujantes de trazos fuliginosos,

acorralados por inhumanos.

Rebasan suspiros cabizbajos,

sediciosos ribetes de miedo,

de otros iracundos,

aun más luctuosos.

Piedra y fuego,

Alzándose en límites,

para quienes aullan licántropos,

de piel y misterio,

de palpables miedos,

de incontables menguantes,

de julepes imprecisos,

de lechuzas y cábalas...

Collados aprisionados,

algunos claustros destinados,

para admisiones y propinas,

de tus dolencias y pecados,

para mis lamentos extravagantes,

para cruces de azogue,

para tedios de diluvios,

y alguna pesadumbre sellada.

Me ahogas en oraciones blancas,

mi Señor De La Noche,

trashumante extirpador de deseos,

denigrando festines ajenos,

extinguiendo aleteos animosos,

Mi Señor...

inmortal fustigante mustio,

errante de recovecos y costras

curioseando el poniente.

Invitando inculpados,

inflamando teas de infiernos,

mientras verdugos de alientos,

hostigan el tiempo;

y quizás mas...


Gracias a mi manucho Héctor que me regaló esta espectacular poesía. La imagen sí es cosa mía jeje