lunes, 3 de agosto de 2009

Viajante


Avanzo.
Me quedo mirando las luciérnagas de hombre
que brillan en lontananza.
Me quedo pensando en tus ojos verdes,
de un verde tan brillante y hermoso
como ese que se esconde afuera,
bajo un manto de negrura,
al otro lado de la ventanilla.
Y pienso que me hacen falta tus manos.
Duermo.
Cierro los ojos y
se me figuran grandes, gigantes;
sueño que me encierras tras los nudillos
y que en ese apretado ademán amoroso
me acurruco más... y más... y me pierdo.
Despierto.
También pienso que me falta tu pecho
para posar mi cabeza soñolienta,
descanzar
mis oídos aturdidos de susurros nocturnos,
del trajín del camino.
Avanzo.
Me quedo pensando en cuánto te extraño,
en qué falta me hacen tus ojos,
tan verdes, brillantes y hermosos
como ese campo que ya no alcanza
a iluminar la luna.

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