sábado, 26 de febrero de 2011
viernes, 14 de enero de 2011
De profundis

los derroteros de mi pena;
¿cabe, acaso esperar otra cosa
cuando el amor se desborda
y la dicha es inmuerta?
Esperanzas muertas,
¡cómo habeis resucitado!
Las cicatrizantes heridas
sanaron de inmediato
y un nuevo color arribó a las riveras.
Sed absolutas,
impolutas locuras,
sin dueño paridas esclavas
y ahora libertas por el látigo amoroso.
¡Sed soberbias,
palabras enlutadas!
Mil noches aborrecidas
por la oculta anomalía
de no haber sido besadas.
Qué temeraria os volveis,
dama infecunda,
cuando descubres un manantial
verde, de frescas aguas,
que trae la paz añorada
por tus plantas cansadas de ultrajar
polvo y arena
en los caminos más solitarios de la vida.
¡Ea! Mas ahora sed amante,
rota doncella,
con fervor envidiable
y deseado a cambio de almas,
sed libre y procaz,
genuflexa y hereje,
tremebunda y sutil;
sed plena, enmascarada,
en piel, huesos y sangre.
sábado, 25 de diciembre de 2010
Doble faz

pero odio en lo que me convierto si no estás a mi lado.
La oscuridad me asfixia,
la noche me espanta,
los cuervos me insultan,
las sombras me ultrajan,
el silencio me corrompe,
lo negro me asesina,
la luna me abandona
y un dios parece existir de repente.
Odio lo que veo en el espejo
cuando imagino que estás lejos,
en otro mundo,
en otros brazos
y me estremezco ante tan truculento demonio
que se esconde tras mi cara,
me aterro y tiemblo sola
ante la sombra asesina que se dibuja en mis ojos
y hasta veo la sangre
derramarse desde mis manos,
inmenso terror me infunde imaginarme sin ti
y verme en el espejo degollada.
martes, 12 de octubre de 2010
Rocamadour
indiferente y ceniciento que temblaba y se sacudía
sin convicción, inútilmente maltratado y acariciado."
J.Cortázar: Rayuela
Lo veía y sin embargo no lo alcanzaba,
estiraba sus manos
para tocar sólo un cuerpo vacío;
y sin embargo allí estaba
su carita adorada,
sus cabellos de seda;
allí estaba pero no estaba allí,
se había ido lejos
quizás siguiendo una mariposa de ensueño,
quizás tomado de la mano
de la horrísona parca.
Pero, no... no...
¡Él estaba allí!
¡Allí y ella lo veía!
Y sus manos lo tocaban,
sus labios lo llamaban
y aunque no había susurro,
no había sollozo ni risa;
estaba allí y sus manos lo tocaban,
lo acariciaban
lo envolvían
intentando atarlo,
aferrarlo a la tierra en que ella quedaba
sola...
Sola...
¡No, porque él allí estaba!
¡Estaba allí, frente a ella y podía tocarlo!
¿Cómo podían decirle
que su pequeño ángel se había ido
si ella lo veía con sus propios ojos,
con sus propios dedos,
y sus lágrimas le hacían charquitos
en los hoyuelos?
Crueles ellos que le mentían,
que le decían que su niño se había marchado,
todo era mentira
porque él estaba allí,
sobre la misma cama,
con la misma sonrisa
y ella no estaba sola...
Sola...
Solo...
Solos ambos contra el mundo
que le mentía
y le decía que su niño
se había ido de entre sus brazos...
martes, 5 de octubre de 2010
Rapsodia

Ora sube sibilante y susurra
el viento en los desniveles,
ora simplemente cae suave
y se deja llevar por los zurcos.
Silencio, sutil silencio que calla
y nos deja serenarnos en la noche,
será quizás embrujo del viento,
de ese viento azulceleste.
Rompe un rayo la quietud de la penumbra
y truenan los dedos resquebrajados en los gritos,
¡nada de amor!,
¡nada de aurora!,
la trémula vejez de los árboles y los riscos
claudica, se corrompe, se retumba hasta lo hondo.
De profundis se oye un clamor reconocido,
el crepitar de las hogueras y el famoso crujir de dientes,
se abren las bocas y regurgitan tronados fuegos rojos
¡rota la paz!,
¡rota la calma!
Anda con sigilo;
anda
con timidez;
tarda... se detiene... observa... medita...
Y serpentean los huesos clamando justicia ante sus ojos pasmados de muerte,
¡rota la aurora!,
¡nada de paz!;
La tormenta aún crepita en los rincones de su alma emputrecida
muerto el sol...
muerta la gloria...
Mariposa Morena

Tarda la vida en darte revancha,
Mariposa Morena,
sigues gimiendo por las mismas calles
una misma pena
engarzada en los mismos hilos de antaño,
siguen ahogándote los mismos collares,
las correas de cuero que fueran de tu verdugo
y su máscara infame.
Han de saberse los crímenes,
Mariposa Morena,
habrá de llegar el juez que sentencie el castigo
para la parca maldita
de tus horas tristes;
no sabes ocultar la sal de tus ojos
y está bien que así sea,
has de ser humana pese a todo.
Son largos los caminos,
Mariposa Morena,
que pueden llevarte a una redención justa,
pero vale la pena que los camines,
vale la pena que busques al asesino
de tantas ilusiones doradas.
Es necesario que mueras,
Mariposa Morena,
para renacer en otra primavera
en otra era,
en otro mundo,
en otros brazos.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Inocente

No es mi culpa;
yo no cometí el pecado,
no laceren mi piel,
por piedad
no me arranquen las carnes,
aún hay sangre en mis venas y
aún late mi corazón…
y respiro…
y respiro.
¿Por qué esa maza me aplasta el cráneo?
¿Por qué el cadalso
tiene impreso mi nombre
en cada madera
y en cada hilo
de la siniestra cuerda?
No es mi culpa,
yo no cometí pecado,
pero estoy pagando como una vil ramera;
y la inocencia que grita por cada poro
y suplica piedad
y suplica piedad
y suplica.
No, no es mi tiempo
de cumplir condenas,
este pecado no es mío,
no son mías las cadenas
y sin embargo me atan los tobillos
y sangran hasta mis huesos
bajo el peso de los aceros.
No es mi culpa
pero sangro, sangro por mi mano
y por la tuya,
sangro por tu alma y mi desdicha de inocente,
sangro por las heridas que curan el espíritu,
por las lágrimas de paz y de sangre.
No es mi culpa, ¡dioses!
¡Yo no he hecho nada!
¡ÉSTE NO ES MI PECADO!
Mi alma se cubre de odios que no le pertenecen,
no es justo el castigo,
se equivocó el verdugo
y cortó mi cabeza,
aplastó mi cráneo sin tener mácula alguna...
no es mi pecado...
no es mi culpa...
No me condenen así
al infierno de su ausencia
sin tener la culpa...
jueves, 23 de septiembre de 2010
Añoranza

y siento que las paredes se alejan de mi contacto
cada vez que recuerdo que estás lejos
el eco se agiganta como pasos de titanes.
"Lejos" suena como palabra inmensa
aunque sean unos cuantos metros los que nos separan
todo abismo es eterno
cuando nuestros brazos no se alcanzan.
Es tarde ya y las estrellas se van apagando
escondiéndose en los límites de la aurora
el sol va llegando tristemente
cuando parece que tu imagen se pierde en lontananza.
Añoranza, recuerdo cruel de caricias
que hace poco pero hace mucho fueron dadas;
triste tormento del alma ilusionada
las agujas del reloj que nunca avanzan;
el sol y la luna que nunca paran su danza
son unos verdugos de fatídica traza.
Añoranza, sádica compañera de segundos y eternas horas
bañadas
en lágrimas
de mujer
enamorada.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Anónimo III

no hay nombre, hay un número,
un número que se repite catorce veces.
Hay polvo,
hay ladrillos,
hay un lejano crujir de huesos que me espanta
aunque duela más
el crujir de las maderas del piso bajo sus botas.
Hay una puerta,
no hay ventanas,
hay un eco de orfebrería fúnebre,
hay una tela trémula que claudica y se desgarra.
Y está el Olor.
Hay un horrendo olor a ojos ciegos,
olor a ojos hermanados con miedo,
olor a oscuridad de antojo.
Tengo en mi piel un olor a ausencia que me mata,
un repulsivo hedor a anonimato,
una peste a desconocido que ahuyenta hasta a las moscas.
Sólo ellos se acercan,
sólo los Cancerberos no se aterran
de mi llanto
y mi olor a muerto,
ellos me siguen profanando esta tumba carneana,
esta tumba de sangre desdichada
y sin salva.
martes, 27 de julio de 2010
En tu silencio

que repite las horas inciertas
y que me vuelve loca,
me apabulla de mientras y corcovos,
me diluye las ganas de robarte.
Cuando callas... cuando callas es que vuelo
y me vuelvo una aurora
que despierta sobre tus praderas,
que se extiende sabrosa y radiante
acariciando los pastos y las flores.
Y callas... callas y me vuelvo a ir
por esos senderos que no esperaba andar nunca,
porque me creí impotente,
creí que no tenía piernas que fueran suficientes
para dar un paso fuera de la penumbra;
pero callas y me permites
vagar por esas callejuelas gloriosas
que me curan el espanto de años atroces
en los que eras más que este silencio,
eras el silencio lúgubre de la nada,
del terror del desconocido
y del deseo por conocer lo que no se sabe.
Callas... callas... me miras y callas
y vuelo dulcemente por sobre la vida;
por eso a veces me sonrío y te sorprendes de mi sonrisa
que parece no tener sentido;
pero sonrío porque callas y en tu silencio yo vuelo,
corro,
y vivo.
